jueves, abril 14

Introspección II

Una palabra suelta e insignificante se ha quedado controlando mi medianoche, mi 1 am y mis 2 am. Ignoro la forma en que intento dispersarme por semanas, sin llevar la cuenta y sin que me importe mucho.

Es decir, hoy noté que es un día de abril del 2011. Y lo último que recuerdo que hice YO (toda yo), fue un día de diciembre o enero del 2008. Me han pasado 3 años por encima, por abajo y por todos los costados.

Mi cuerpo apesta a todo lo que como, y algo más hay porque mi alma lo ocupa por ratos, Como si llegara a ver si ya está la comida o para saber si es hora de despedirme de alguno/de otro.
Eso pasa cuando tienes bonitos pies para los miopes, algunos ‘’Yo puedo’’ pegados en el dormitorio y una insaciable irritable necesidad por ser mejor pero desde casa, desde cama, desde ahí.
Soy una damita de ojos verdes, cabello rapunzélico y cuerpo envidiable, dentro de la piel canela y muchas estrías que por suerte, aún no llegan a  los ojos negros, que según los pseudosalvadores son hermosos.

Referente a mis sentimientos, nací con el propósito de ser eternamente pueril, cándida a más no poder, una chica de su casa con valores y principios envidiables y seguramente de ser feliz.  Cumplí con lo acordado hasta cierto tiempo. Ese cierto tiempo que no debería haber llegado tan pronto, fue el que me vistió de envidia, histeria, vicios, oportunismo, maldad.

Ahora me divido entre religión, filosofía y poemas típicos. Busco gente para dar cariño temporalmente y por turnos rotativos. Espero todas las noches una llamada de alguien que me desahueve y sea nuevo y me haga nueva.

Quiero a alguien que me haga romper las reglas que me han cagado y siguen cagando el cerebro. Que sea tan bueno que me ilumine el alma de lejos y haga que me ocupe y sepa que él también ya llegó. O ella.
Quiero que me hagan hacer algo especial.
Quiero hacer algo por mí.

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